La piel fina

· 2 min · Humor negro

Miniatura del relato «La piel fina»

—PUTAS.

En el coche íbamos mi padre, mi madre, mi hermano pequeño, África y yo. Ella había insistido en conocer a mi familia, tras cuatro meses saliendo juntos. El plan era ir a la playa. Yo estaba cagado de miedo, pero, con el cambio de medicación, a mi hermano se le veía más estable, más en control de sus tics. La coprolalia llevaba semanas sin aparecer. Hasta que vio a las dos mujeres desde la ventanilla.

Estaban vestidas con escasa ropa, desplegando unas sillas roñosas en el arcén de la carretera y sentándose a tostar sus cuerpos castaños. Daniel cerró los ojos, como si intentara tragarse la palabra. Luego comenzó a gritar.

—PUTAS. ME CAGO EN LA LECHE.

—Daniel, cálmate, respira hondo —dijo mi madre desde el asiento del copiloto.

—PUTAS. ME CAGO EN LA MADRE QUE ME PARIÓ.

Yo estaba sentado en medio, entre África y mi hermano. Noté la incomodidad de ella.

—Se dice mujeres de la calle —fue lo único que dijo.

—PUTAS. PUTAS. PUTAS. PUTAS.

Ese fue el detonante. Llegamos a la playa y el tic de Daniel fue a peor.

—¡PUTAS! —gritaba cada veinte segundos.

Las chicas que pasaban por la orilla lo escuchaban y, dándose por aludidas, le dedicaban una mirada de desprecio. A nuestro alrededor, las familias desaparecían; el resto, simplemente, nos observaba. África no decía nada. Estaba blanca, como si le hubieran dado un susto de muerte. Apenas me miraba a la cara.

—PUTAS. PUTAS. PUTAS. PUTAS.

No estuvimos ni veinte minutos en la playa. Tuvimos que marcharnos cuando se nos encararon los novios de las chicas que se habían sentido ofendidas. Para mí no fue nada del otro mundo. Con mi familia es lo habitual: solemos estar más rato aparcando que en cualquier otro sitio. Allá donde vamos, siempre hay gente con la piel muy fina.

África me llamó por la noche, el momento que tanto había temido.

—He pasado la peor tarde de mi vida.

—Bienvenida a la familia. Fuiste tú quien quiso conocerles.

—No me habías dicho que tu hermano era un misógino.

—Daniel no es misógino… ¡tiene síndrome de Tourette! Hay que ser idiota para no poder diferenciarlo.

Aquello fue el fin de mi relación con África. Daniel fue el primero en saberlo.

—Lo siento —dijo—. Ha sido culpa mía.

—No, de eso nada. Ya lo hemos hablado. Hay gente con la piel muy fina.

—PUTAS.

—Eso es… eso es exactamente… PUTAS.

—ME CAGO EN LA LECHE.

—ME CAGO EN LA LECHE.

—ME CAGO EN LA MADRE QUE ME PARIÓ.

—¡PUTAS!

—¡PUTAS!