Éxtasis

· 3 min · Terror religioso

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Ilustración del relato Éxtasis

Se llama Catalina. Tiene unos 40 centímetros de altura.

Sus párpados se abren y se cierran. Sus ojos son tan azules como el cielo sagrado.

Tiene largas y negras pestañas dibujadas, labios pintados de rojo, mofletes sonrosados. Viste un viejo hábito blanco.

Es monja. Lleva las santas escrituras en la mano.

Por el día cierra los párpados, por la noche, los abre, te observa con esa mirada llena de misericordia. Te habla.

No recuerdo cómo llegó la muñeca a mis manos, pero sí aquella noche.

Escuché decir mi nombre en la oscuridad más absoluta.

Al encender la luz la vi.

Catalina, con los párpados abiertos, mirándome con sus ojos azules como el cielo sagrado. Ojalá pudierais sentir lo que yo experimenté. Esos ojos me transmitieron paz, serenidad, bienestar… Yo nunca había sentido algo así.

Me crie en el peor de los barrios y mi infancia fue paupérrima.

Busqué en las drogas, el sexo y la vida sin límites, eso que tanto anhelaba. De ahí el shock cuando le dije a mi círculo más cercano que me iba para emprender el camino del sacerdocio.

No tenía ningún sentido. Pero fui movido no tanto por un deseo de acercarme a Dios, sino de alejarme de las personas.

Tantos años viví en pecado… hasta que Catalina cayó en mis manos.

Desde que tengo a la muñeca Catalina hablo con ella todas las noches.

Ella me cuenta la vida que tuvo, su misión, su obra, sus sacrificios. Me conmueve.

Me dice que el Dios verdadero es el del Antiguo Testamento. Que Jesús de Nazaret había sido un embustero, un farsante, un charlatán.

Dios no ama a los pecadores.

Claro que, cuando se ofreció ante mí la VERDAD, tuve que hacer mi penitencia. Tuve que azotarme con el látigo en la espalda cuarenta y nueve veces.

Fue toda una carnicería. Al terminar había jirones de piel por las paredes y el suelo estaba encharcado de sangre. Pero mereció la pena.

Desde entonces no he probado ni las drogas, ni el sexo, ni la vida sin límites.

No he echado de menos ni por un segundo tan barata imitación del éxtasis. Si tan solo pudierais sentir lo que se siente cuando Catalina te mira a los ojos.

Me dice que está muy contenta ahora que ya llevo un tiempo haciendo la VERDADERA obra de Dios.

Me dice que está orgullosa de mí y el corazón se me inunda de un amor inmenso y generoso que nunca antes he sentido.

Me dice que puedo ir un paso más allá.

Que ahora que he limpiado la tierra de treinta y tres prostitutas, ya puedo ir a por mi primer sodomita.

Escúchalo

Audiorelato narrado por el autor

Puedes escuchar Éxtasis en su versión sonora, narrada por mí y disponible en Buy Me a Coffee.

🎧

Esta es una forma más íntima de entrar en el relato, donde la voz y el ritmo cambian completamente la experiencia.

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